Nacer prematuramente puede tener consecuencias duraderas para la salud y el desarrollo de los niños, además de generar importantes costes para las familias y los sistemas sanitarios. A pesar de los avances médicos, la incidencia de los nacimientos prematuros apenas ha disminuido a escala mundial. Esta persistencia hace necesario identificar vías de prevención más allá de la atención sanitaria. En este contexto, el presente estudio examina si los beneficios de la educación materna dependen de los años de escolarización o también de los conocimientos y habilidades adquiridos.
Las mujeres que recibieron más educación general durante la secundaria tuvieron, años después, hijos con un 16 % menos de probabilidad de nacer muy prematuros. Esta es la principal conclusión de un nuevo estudio que muestra que lo que se aprende en la escuela, y no solo los años de escolarización, puede tener efectos duraderos sobre la salud de la siguiente generación.
Datos y metodología: la LOGSE como experimento natural
Fedea publica hoy un estudio elaborado por Cristina Borra (U. de Sevilla e IZA), Pilar Cuevas Ruiz (London School of Economics y U. de Sevilla) y Almudena Sevilla (London School of Economics e IZA). El trabajo combina registros administrativos de matrícula, digitalizados por provincia y cohorte para medir la implantación gradual de la LOGSE entre 1989 y 2000, con registros de nacimientos en España entre 2000 y 2018. El análisis comprende más de 1,5 millones de primeros nacimientos y permite comparar la salud de los hijos de mujeres con distinta exposición a la reforma.
La LOGSE, aprobada en 1990 e implantada progresivamente durante la década siguiente, retrasó de los 14 a los 16 años la transición entre la formación básica general y la formación profesional. Para las alumnas que antes habrían accedido a estudios profesionales, este cambio supuso dos años adicionales de enseñanza general, con materias como matemáticas, ciencias e idiomas. En el contexto estudiado, la reforma no aumentó los años totales de escolarización ni modificó significativamente las titulaciones obtenidas. Esto permite estudiar el efecto del contenido de la educación, separándolo del efecto de su duración.
Resultados: educación materna general y reducción del parto prematuro
Los resultados muestran que un año adicional de educación general materna reduce en aproximadamente un 16 % la incidencia de nacimientos muy prematuros, aquellos que se producen antes de las 32 semanas de gestación. Esto equivale a 0,13 puntos porcentuales menos, o unos 388 nacimientos muy prematuros menos por cada 150.000 partos. También se estima una reducción del 4,2 % en los nacimientos prematuros, que ocurren antes de las 37 semanas, por cada año adicional de formación general. Las mejoras se concentran en los partos que, de otro modo, se producirían con muy pocas semanas de gestación, precisamente los que implican mayores riesgos para la salud del bebé.
Canales explicativos: habilidades cognitivas, salud y mercado laboral
El estudio también explora por qué la formación general mejora la salud infantil. La evidencia apunta a cuatro canales complementarios. Las mujeres expuestas a la reforma obtuvieron puntuaciones significativamente más altas en las evaluaciones de competencia numérica del programa PIAAC, lo que sugiere mejoras duraderas en las habilidades de procesamiento de información. Estas ganancias cognitivas se acompañaron de una menor probabilidad de consumir alcohol durante el embarazo, de una mayor participación laboral, con un incremento de 3,6 puntos porcentuales en el Empleo, y de una mayor probabilidad de estar casadas antes del nacimiento del primer hijo, lo que apunta a una planificación familiar más efectiva. Juntos, estos resultados sugieren que la formación general mejoró la capacidad de las mujeres para tomar decisiones informadas sobre su salud y la de sus hijos.
Implicaciones para la política educativa y sanitaria
Los resultados tienen implicaciones para la política educativa. Al decidir los contenidos curriculares y la edad de especialización, conviene considerar no solo los resultados académicos y laborales inmediatos, sino también los posibles efectos sobre la siguiente generación. La evidencia sugiere que mantener una formación general más amplia durante la adolescencia puede generar beneficios que trascienden el ámbito educativo.
El estudio también aporta una perspectiva relevante para la política sanitaria: la prevención de los riesgos al nacer no depende exclusivamente de la atención médica. Incluso en España, donde el acceso a la asistencia durante el embarazo es generalizado, fortalecer las competencias generales de las futuras madres puede contribuir a mejorar la salud infantil desde el nacimiento.
Más información
Borra, C., Cuevas Ruiz, P. y Sevilla, A. (2026). «Healthier Starts: The Intergenerational Effects of Maternal General Skills». FEDEA, Documento de Trabajo no. 2026-10. Madrid.
