Hacienda Pública y Distribución de la Renta

Hijos, Ciclo Vital y Pobreza en España: 2008–2025

La pobreza infantil es uno de los principales retos distributivos de la economía española. Pese a la recuperación del mercado de trabajo tras la Gran Recesión, su incidencia se mantiene persistentemente elevada: más de uno de cada cuatro menores vive por debajo del umbral de pobreza (ingresos por debajo del 60% de la renta mediana) y uno de cada tres se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social (indicador AROPE, que añade privación material severa y baja intensidad de empleo en el hogar).

¿Coste o perfil?

Esta situación plantea una pregunta central: ¿la mayor pobreza de los hogares con hijos refleja el coste económico de la crianza o responde, sobre todo, a las características socioeconómicas de las familias que tienen hijos?

Fedea publica hoy un estudio de José Ignacio Conde-Ruiz y Marialejandra Garay Aguirre, de Fedea y la Universidad Complutense de Madrid, que intenta responder a esta pregunta. El trabajo utiliza los microdatos de la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) para analizar la evolución de la pobreza en España, estudiar las privaciones que afectan específicamente a la infancia y estimar hasta qué punto la presencia de menores se asocia con una mayor probabilidad de sufrir carencia material y social severa una vez consideradas las características de los hogares. Su principal conclusión es que no existe una penalización homogénea asociada a la presencia de menores. La vulnerabilidad depende decisivamente de la interacción entre los ingresos, la etapa del ciclo vital y la estructura familiar.

Principales indicadores

Los resultados muestran que en 2025 el 28,3% de los menores de 18 años vivía en hogares por debajo del umbral de pobreza, lo que equivale a aproximadamente 2,07 millones de niños, niñas y adolescentes, frente al 19,5% del conjunto de la población. La tasa AROPE infantil, que identifica a quienes se encuentran en riesgo de pobreza monetaria, sufren carencia material y social severa o viven en hogares con baja intensidad laboral, alcanzó el 33,8%.

La comparación europea confirma la gravedad del problema. En 2024, España registró la tasa AROPE infantil más alta de los 27 países de la Unión Europea, con un 29,2%, frente al 19,3% de la media comunitaria.

Perfiles de mayor vulnerabilidad

La vulnerabilidad se concentra especialmente en determinadas estructuras familiares. Los hogares monoparentales presentan una tasa AROPE del 50,3%, una tasa de pobreza monetaria del 41,2% y niveles de carencia material y social severa próximos al 19,4%. Esta última supera el 18% en todas las etapas del ciclo vital y alcanza el 26,2% cuando la persona de referencia del hogar tiene menos de 30 años.

El análisis econométrico muestra que, incluso al comparar hogares similares en renta, empleo y características sociodemográficas, la presencia de menores se asocia, en promedio, con una probabilidad de sufrir carencia material y social severa 1,15 puntos porcentuales mayor.

Esta diferencia media oculta, sin embargo, una fuerte desigualdad generacional. En los hogares cuya persona de referencia tiene menos de 30 años, la presencia de hijos menores se asocia con un aumento de 7,26 puntos porcentuales en la probabilidad de sufrir carencia material y social severa. La diferencia se reduce a 0,71 puntos entre los hogares de 30 a 44 años y a 1,16 puntos entre los de 45 años o más. La asociación es, por tanto, entre seis y diez veces mayor entre los hogares jóvenes.

Descomposición de la brecha

Un ejercicio adicional de descomposición muestra que los hogares con menores presentan una brecha bruta de carencia material y social severa de 2,59 puntos porcentuales respecto a los hogares sin menores. El 42,6% de esa diferencia se explica por características observables como la renta, el empleo, la educación o la edad, mientras que el 57,4% permanece sin explicar. Este componente residual no debe interpretarse como un efecto causal de tener hijos, pero resulta compatible con la existencia de costes, necesidades y restricciones específicas de la crianza que no quedan plenamente recogidos en los datos.

Los resultados muestran, en definitiva, que la elevada pobreza infantil observada en España no puede explicarse únicamente por el hecho de tener hijos. La crianza genera una vulnerabilidad especialmente intensa cuando coincide con una baja acumulación de ahorro, trayectorias laborales todavía poco consolidadas o la ausencia de un segundo adulto en el hogar.

Implicaciones de política económica

El estudio concluye que las políticas universales de apoyo a la infancia, aunque necesarias, deben complementarse con instrumentos específicamente dirigidos a los hogares jóvenes y monoparentales, combinando protección de ingresos, apoyo a la conciliación y medidas orientadas a reducir la transmisión intergeneracional de la desigualdad

Más información

Conde-Ruiz, J. I. y Garay Aguirre, M. (2026). «Hijos, Ciclo Vital y Pobreza en España: 2008–2025», FEDEA. Apuntes 2026-20.

Fundación de Estudios de Economía Aplicada
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