Macroeconomía y Economía Internacional

Fedea y el Consejo General de Economistas analizan los factores que impiden a España cerrar su brecha de productividad

Madrid, 9 de septiembre de 2026.- El Consejo General de Economistas de España (CGE) a través de su Servicio de Estudios y la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) han celebrado hoy una nueva sesión del ciclo Cuestiones Estructurales de la Economía Española, dedicada en esta ocasión a analizar los factores que condicionan la productividad y el crecimiento potencial de la economía española.

El encuentro contó con la participación de Rafael Doménech, responsable de Análisis Económico de BBVA Research, y Antonio García Rebollar, técnico comercial y economista del Estado. Tras sus intervenciones tuvo lugar una mesa redonda moderada por el presidente del Consejo General de Economistas de España, Miguel Ángel Vázquez Taín, en la que se abordaron las diferencias de productividad entre empresas de un mismo sector, las dificultades que encuentran muchas compañías para ganar tamaño y el papel de la inversión, la innovación, la tecnología, el capital humano y el marco institucional.

Durante la jornada, los expertos concluyeron que España puede crecer y crear empleo sin que ello implique, necesariamente, ganancias de productividad y, por tanto, más valor para todos los intervinientes en el proceso. Durante las últimas décadas, España no ha conseguido generar aumentos sostenidos de productividad, al mismo ritmo que las economías europeas más avanzadas. Lo que se explica, en buena parte, porque no ha conseguido ampliar suficientemente los sectores más dinámicos.

Durante el acto, el presidente del Consejo General de Economistas de España, Miguel Ángel Vázquez Taín, destacó que “España dispone de empresas, trabajadores, infraestructuras y tecnología, pero seguimos teniendo dificultades para combinar todos esos recursos y dirigirlos hacia los usos donde pueden generar una mayor productividad”. Y añadió que, “mantener la protección social y elevar la productividad no son objetivos contrapuestos. Al contrario, una economía más productiva amplía nuestra capacidad para generar renta y financiar el bienestar futuro. Para conseguirlo, no basta con incorporar tecnología; es necesario invertir también en formación y ayudar a las empresas, especialmente a las pequeñas y medianas, a adaptar su organización y sus procesos de trabajo y sin olvidar que hay que implicar y comunicar muy bien a los propios trabajadores que las ganancias de productividad no es solo un asunto empresarial sino también debe y puede repercutir en ellos vía mejora de sus salarios”.

Por su parte, Ángel de la Fuente, director ejecutivo de Fedea, destacó que “el crecimiento de la productividad exige unas políticas educativas efectivas, que garanticen la adquisición de los skills básicos por parte del grueso de la población y pongan el acento en la oferta de conocimientos útiles para el sistema productivo, así como instituciones que garanticen la seguridad jurídica necesaria para la inversión y la actividad económica en general y eviten un exceso de regulación innecesaria”.

La primera intervención corrió a cargo de Rafael Doménech, responsable de Análisis Económico de BBVA Research, quien analizó la evolución de la productividad española y las razones por las que el proceso de convergencia con las economías europeas de referencia se encuentra prácticamente detenido desde mediados de los años noventa.

“España avanzó en su convergencia con Europa hasta mediados de los años noventa, pero posteriormente su posición relativa se estancó. Tras una mejora levemente parcial entre 2013 y 2019 (acompañada por el comportamiento de algunos sectores exportadores), el acercamiento volvió a frenarse después de la pandemia”. Doménech advirtió, además, “de que esta evolución responde a la interacción de numerosos factores y no permite atribuir los resultados a una única reforma o causa”.

Según los datos presentados, tomando Estados Unidos como base 100 y midiendo la productividad como PIB por hora trabajada, España se sitúa en torno al 75 %, mientras que el grupo europeo formado por Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Países Bajos y Suecia se aproxima al 97 %. Esta diferencia, cercana a los 22 puntos, apenas se ha reducido durante las últimas tres décadas.

En relación con la inversión empresarial en maquinaria, equipos y tecnología (excluida la vivienda), los datos muestran que, tomando 2002 como punto de partida igual a 100, España alcanzó en 2025 un índice de 115, frente a 150 en la Unión Europea y 156 en Estados Unidos. Este indicador refleja la evolución de la inversión productiva acumulada desde 2002 y no el volumen total de capital disponible; la vivienda se excluye para centrar el análisis en la inversión que incorpora maquinaria y tecnología.

El experto incidió también en la importancia del tamaño empresarial. “Las grandes empresas españolas son aproximadamente dos veces más productivas que las microempresas, mientras que las compañías medianas y grandes presentan niveles de productividad similares a los de sus equivalentes europeas. Respecto al sector público, señaló que la inversión pública se situó en España en el 2,9 % del PIB en 2025, frente al 3,8 % de la Unión Europea, después de la fuerte caída registrada tras la crisis de deuda”.

Otro de los aspectos analizados fue la relación entre tecnología, formación y productividad. España cuenta con una posición favorable en conectividad e infraestructuras digitales, pero mantiene una brecha en capital humano y competencias avanzadas que reduce su capacidad para aprovechar plenamente la digitalización y la inteligencia artificial.

La segunda ponencia fue impartida por Antonio García Rebollar, técnico comercial y economista del Estado, quien centró su intervención en la composición sectorial de la economía española y en la internacionalización como palanca de productividad. Según explicó, “el 30,6 % de las horas trabajadas se concentra en comercio, transporte y hostelería, la rama con menor valor añadido por hora, 24,30 euros, mientras que la industria representa únicamente el 12,4 % de las horas, pese a que su productividad creció a un ritmo medio anual del 2,2 % entre 2000 y 2024.”.

García Rebollar señaló que «La brecha de productividad de España no se explica principalmente por empresas ineficientes, sino por la composición de su tejido productivo: demasiado empleo concentrado en empresas pequeñas y desconectadas de los mercados internacionales. Los datos muestran que las empresas integradas en grupos multinacionales, españoles o extranjeros, duplican la productividad de las que no pertenecen a ningún grupo. Ampliar la base de empresas capaces de competir fuera es, seguramente, una de las políticas de productividad más eficaces de la que disponemos.”

Durante el coloquio posterior, los participantes coincidieron en que la mejora de la productividad no depende de una única medida. Entre las prioridades planteadas figuraron la necesidad de facilitar más allá de las palabras el crecimiento de las empresas, reducir las barreras regulatorias y los umbrales que desincentivan el aumento de tamaño, ampliar los instrumentos de capital y capital riesgo para las compañías innovadoras.

También se comentó la necesidad de reforzar la inversión en I+D y digitalización, mejorar la selección y evaluación de la inversión pública y vincular más estrechamente la formación profesional y continua con las necesidades reales del tejido productivo, y donde todo el proceso educativo y su diseño, venga de una política que vaya más allá de un ciclo político, es decir más allá de una legislatura.

Video

Presentaciones (septiembre 2026)

Fundación de Estudios de Economía Aplicada
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.

Política de Privacidad
Política de Cookies