La soledad no deseada se ha convertido en un problema creciente de salud pública en Europa, especialmente entre las personas mayores. Fedea publica hoy un estudio de Sabela Siaba (U. da Coruña), galardonado con el Premio AES de Fedea, en el que se analiza la relación entre la soledad y la utilización de servicios sanitarios entre los europeos mayores de 50 años, mostrando que sus efectos dependen en parte de la organización del sistema sanitario.
El trabajo encuentra que la soledad no se asocia de forma generalizada con un mayor uso de todos los recursos sanitarios, pero sí con un incremento significativo de las visitas al médico en países con sistemas de tipo Beveridge, donde el médico de cabecera actúa como puerta de entrada al sistema. También se observa una mayor probabilidad de recibir atención profesional a domicilio en los países analizados. Por el contrario, no se observaron efectos significativos en hospitalizaciones, toma de medicamentos o visitas al dentista.
Datos y metodología: evidencia longitudinal europea
El análisis empírico se basa en datos de las dos últimas olas disponibles de la encuesta SHARE (Survey of Health, Ageing and Retirement in Europe), correspondientes a 2020 y 2022, y la muestra final incluye a 37.076 personas de 50 años o más procedentes de 25 países europeos.
Para estimar el efecto de la soledad sobre el uso de recursos sanitarios, el estudio utiliza técnicas de Propensity Score Matching, que permiten comparar a personas que experimentan soledad con otras de características similares que no se encuentran en esa situación. Esta estrategia busca reducir el sesgo de selección y aproximar un escenario contrafactual: ¿qué uso de servicios sanitarios habrían tenido las personas solas si no hubieran experimentado soledad? En el trabajo se distingue también entre soledad contemporánea y soledad crónica.
La organización del sistema sanitario importa
Uno de los principales resultados del estudio es que el efecto de la soledad sobre el uso de recursos sanitarios no es igual en todos los países. La relación entre soledad y una mayor frecuencia de visitas al médico aparece únicamente en los países con sistemas sanitarios de tipo Beveridge, caracterizados por una financiación principalmente vía impuestos y por un papel central del médico de atención primaria como primer punto de contacto con el sistema.
En estos países, las personas que experimentan soledad realizan, de media, 1,27 visitas más al médico por año que aquellas personas similares que no se sienten solas. Las estimaciones complementarias muestran que la soledad contemporánea se asocia con un aumento del 14% en estas visitas, mientras que la soledad crónica se vincula con un incremento del 39%.
Este resultado sugiere que, en sistemas con mecanismos de gatekeeping, algunos individuos mayores podrían acudir al médico no solo por necesidades estrictamente clínicas, sino también como vía de contacto social o apoyo emocional.
Más visitas al médico y también más atención profesional a domicilio
El estudio también encuentra una asociación significativa entre soledad y uso de atención profesional a domicilio. En los países de tipo Beveridge, las personas que experimentan soledad tienen una probabilidad un 47% mayor de recibir este tipo de atención que sus homólogas no solas. En los países de tipo Bismarck, el incremento estimado es del 48%.
El efecto es aún mayor entre quienes sufren soledad crónica en los países de tipo Bismarck, donde la probabilidad de recibir atención profesional a domicilio aumenta un 66%.
En cambio, el estudio no encuentra efectos significativos de la soledad sobre otros indicadores de uso sanitario, como hospitalizaciones, consumo de medicamentos o visitas al dentista. Estos resultados apuntan a que la soledad no se traduce necesariamente en una mayor utilización de todos los servicios sanitarios, sino que afecta de forma más clara a aquellos recursos que pueden implicar una relación interpersonal más directa y continuada.
Implicaciones para la eficiencia del sistema sanitario
Los resultados tienen implicaciones relevantes para la eficiencia en la asignación de recursos sanitarios. Si una parte de la demanda de atención primaria (en países Beveridge) o de cuidados profesionales a domicilio está relacionada con necesidades sociales o emocionales no cubiertas, el sistema sanitario puede acabar absorbiendo problemas que podrían abordarse mejor desde intervenciones sociales y comunitarias.
Esta presión adicional puede ser especialmente importante en países con sistemas de atención primaria fuertes (tipo Beveridge), donde el médico de cabecera actúa como punto de entrada habitual. En estos contextos, la soledad no deseada podría contribuir a la saturación de las consultas y reducir el tiempo disponible para pacientes con necesidades médicas más complejas o urgentes.
Conclusiones: abordar la soledad también es política sanitaria
El estudio concluye que la soledad influye en determinados usos de los servicios sanitarios, más allá de otros factores de salud o características sociodemográficas. En particular, la soledad crónica parece asociarse con un uso más elevado de algunos recursos, lo que sugiere que la desconexión social prolongada puede tener consecuencias más serias sobre la demanda sanitaria.
Para mitigar este efecto, el estudio señala la necesidad de impulsar intervenciones dirigidas a reducir la soledad no deseada entre las personas mayores. Entre ellas se incluyen programas comunitarios, iniciativas de acompañamiento, redes de voluntariado, actividades intergeneracionales y mecanismos de detección temprana en puntos de contacto habituales con la población mayor, como la propia atención primaria o las farmacias comunitarias.
En conjunto, los resultados muestran que abordar la soledad no deseada no solo puede mejorar el bienestar de las personas mayores, sino que también puede contribuir a un uso más eficiente de los recursos sanitarios.
Más información
Siaba, Sabela (2026). «Soledad y sobreutilización de recursos sanitarios: evidencia basada en Europa». FEDEA, Documento de Trabajo no. 2026-04. Madrid.
