España se enfrenta a un rápido proceso de envejecimiento demográfico que condiciona de forma creciente su crecimiento económico y la sostenibilidad del Estado del bienestar. La caída de la fecundidad y el aumento de la esperanza de vida han reducido la proporción de población en edad de trabajar, transformando lo que durante décadas fue un impulso al crecimiento —el llamado dividendo demográfico— en un lastre estructural. En este contexto, la inmigración supone uno de los principales factores capaces de amortiguar este deterioro demográfico, aunque su papel y alcance siguen siendo objeto de evaluación y análisis.
Fedea publica hoy un estudio de José Ignacio Conde-Ruiz (Fedea y Universidad Complutense de Madrid), Clara I. González (Banco de España) y Miguel Díaz-Salazar (Fedea y Universidad Complutense de Madrid) que analiza el papel de la inmigración en el crecimiento del ingreso por habitante en España desde el año 2000 y ofrece una primera aproximación prospectiva basada en las proyecciones demográficas oficiales. El trabajo combina una descomposición contable del PIB per cápita con un ejercicio contrafactual “sin inmigración” y escenarios futuros con y sin flujos migratorios.
El análisis muestra que, entre 2000 y 2019, la inmigración mitigó en cerca del 60 % el deterioro del dividendo demográfico. En ausencia de inmigración, la proporción de población en edad de trabajar habría caído a un ritmo anual significativamente mayor, reduciendo de forma sustancial el potencial de crecimiento de la renta per cápita. En términos acumulados, la inmigración supuso alrededor de 4,6 puntos porcentuales adicionales en la proporción de población en edad de trabajar entre 2000 y 2019
En cuanto al mercado de trabajo, el estudio encuentra que el efecto neto de la inmigración sobre la tasa de empleo fue prácticamente neutral en el largo periodo 2000–2019. Sin embargo, este patrón cambia claramente en la fase más reciente: entre 2020 y 2024, la inmigración contribuyó de forma positiva al crecimiento de la tasa de empleo, con una aportación adicional de 0,22 puntos porcentuales anuales.
Mirando al futuro, los autores utilizan las proyecciones demográficas del INE para comparar escenarios con y sin nuevas entradas migratorias. Los resultados indican que, aunque la demografía seguirá restando crecimiento en las próximas décadas, la inmigración prevista amortiguará de forma creciente este lastre. La contribución adicional del canal demográfico asciende a 0,23 puntos porcentuales anuales en los periodos 2024–2030 y 2031–2040, y alcanza los 0,49 puntos anuales en 2041–2050. Sin inmigración, el envejecimiento sería mucho más intenso y la caída de la población en edad de trabajar, sustancialmente mayor.
Es importante subrayar que estas estimaciones deben interpretarse como una cota inferior del impacto total de la inmigración, ya que el ejercicio mantiene constante la productividad laboral y se centra exclusivamente en el efecto mecánico de la composición por edades. La evidencia disponible sugiere que la inmigración también puede influir positivamente en la productividad a través de distintos canales, como la complementariedad de tareas, la reasignación sectorial o los efectos de escala.
Los autores concluyen que la inmigración ha sido y previsiblemente seguirá siendo un elemento clave para mitigar los efectos del envejecimiento demográfico en España, si bien su capacidad para compensarlos depende de su interacción con otros determinantes del crecimiento. En particular, el impacto sobre la actividad y el bienestar estaría condicionado por la capacidad de integrar a la población inmigrante en el mercado de trabajo, la evolución de sus niveles de cualificación y la traslación del aumento del potencial demográfico en empleo efectivo y mejoras de productividad.
La evidencia presentada apunta a la relevancia de disponer de un marco que integre la política migratoria con las políticas de empleo, educación e innovación. En un escenario de envejecimiento, la inmigración podría desempeñar un papel de soporte demográfico, si bien el reto principal radica en la capacidad del sistema económico para transformar dicho aporte en prosperidad económica duradera.
Documento completo
Conde-Ruiz, J. I., C. I. González y M. Díaz-Salazar (2026). “Inmigración, envejecimiento y dividendo demográfico: el caso de España”, FEDEA, Estudios sobre la Economía Española no. 2026-05, Madrid
