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Cuarto Informe Observatorio de Sanidad de Fedea. Especial Impacto COVID‑19

La pandemia ocasionada por el COVID-19 ha generado un fuerte impacto tanto en el sistema sanitario español como en la salud de su población. El objetivo principal de esta cuarta edición del Observatorio es analizar los principales indicadores de salud y bienestar, así como la satisfacción de los usuarios y el impacto de las primeras olas de la pandemia con la información más actualizada y en perspectiva comparada cuando los datos lo permiten.

INDICADORES GENERALES DE SALUD

Muchos indicadores de salud y bienestar han experimentado cambios producto de la pandemia. El exceso de mortalidad, esto es, los fallecimientos de más que se registraron con la crisis sanitaria en comparación con los esperados en condiciones normales, nos proporciona una imagen precisa del impacto total de la pandemia. Según las estimaciones del INE sobre el exceso de defunciones semanales durante el brote de COVID-19, el pico se produjo a finales de marzo de 2020 (en en la semana 14 del año) con 12.848 muertes no esperadas más que el año anterior. En el conjunto de 2020, el exceso de mortalidad en España se situó en 72.383 personas mientras que la mortalidad registrada atribuible al COVID-19 fue de 51.078 personas.

Tras una larga trayectoria ascendente en España, la esperanza de vida al nacer cae 1,5 años en 2020 con respecto a 2019. Para los países de la OCDE se observa una situación similar, con una caída de entre 1 y 1,5 años.

Por otra parte, el estado de salud percibido de la población en la mayoría de los países de nuestro entorno no se ha visto deteriorado en el año de la pandemia. Para España, el 78,3% de la población valoró su estado de salud como muy bueno o bueno frente al 74,3% antes de la pandemia. En cuanto a las diferencias entre hombres y mujeres, los hombres valoran en mayor medida su salud como positiva, en un 78,2%  de los casos, mientras que sólo el 70,7% de las mujeres consideran que su estado de salud es bueno o muy bueno.

RIESGOS PARA LA SALUD

Dentro del grupo de indicadores de riesgo para la salud, los relacionados con los accidentes de tráfico y la frecuencia de accidentes de trabajo han registrado importantes mejorías dadas las restricciones impuestas por el estado de alarma al inicio de la pandemia, que limitaba la movilidad y la interacción social. En el periodo del 15 de marzo al 6 de mayo 2020 se observaron 48 fallecidos y 42 accidentes mortales en vías interurbanas, una caída del 70% y 71% respectivamente, en relación al mismo periodo del año 2019. En cuanto a la frecuencia de accidentes de trabajo, en el año 2020 se observó una caída del 10% con respecto a 2019.

GASTO SANITARIO

El gasto sanitario en España durante 2020 fue del 7,6% del PIB y el 14,4% del gasto público total, lo que equivale a 84.000 millones de euros, un 11% más que en 2019. Las cifras que se han estimado para el año 2021 suponen un aumento de menos del 1% con respecto a 2020, representando el 6,9% del PIB, manteniéndose su participación en relación al gasto público total.

En los últimos años, los presupuestos iniciales en sanidad por habitante crecieron del orden de un 3%-4% anual, destacando el considerable aumento del 10% registrado en 2021, aunque con notables diferencias entre comunidades (Castilla y León 22,8% vs Cataluña -0,2 %).

VALORACIÓN DEL SISTEMA SANITARIO, LISTAS DE ESPERA Y CONSULTAS AL MÉDICO

En cuanto a la valoración del sistema sanitario, según una encuesta internacional sobre la percepción de los servicios de salud, el 50% de las personas entrevistadas está satisfecha con la calidad de la atención. España se encuentra cercana al promedio global, con un 52% que deja un amplio margen de mejora. Asimismo, según las encuestas de opinión a nivel nacional, el 90% de la población entrevistada en los meses iniciales de la pandemia consideraba necesario reformar la sanidad española.

La sobrecarga que se generó en estos meses también repercutió en las listas de espera, con un aumento del 22% del tiempo medio de espera en 2020. Asimismo ocasionó que una importante fracción de las consultas o visitas programadas a los servicios de salud se vieran suspendidas para poder concentrar los esfuerzos en dar respuesta al COVID-19. Como resultado, las visitas medias por persona al médico de cabecera se redujeron en un 15% y en un 13% al especialista.

La sobrecarga tuvo alguna consecuencia positiva ya que dio un impulso a la telemedicina para aliviar la consulta presencial en los centros de atención primaria, reduciendo los riesgos de transmisión comunitaria y compensando parcialmente la reducción de la actividad asistencial.

MERCADO DE TRABAJO SANITARIO

En materia de empleo, el sector sanitario aumentó considerablemente su participación en el total de ocupados, producto de la caída del empleo de otros sectores y de la nueva contratación que se hizo como respuesta a la pandemia, alcanzando un nivel máximo del 6,5%. Por otra parte, con la pandemia se observa un gran aumento de la temporalidad, alcanzando el 45%, que es un valor superior incluso a los de la etapa pre-recortes, anterior al año 2012.

SECUELAS DEL COVID-19

Por último, la serie de restricciones impuestas y el confinamiento han dejado una secuela muy marcada tanto en la capacidad asistencial del sistema sanitario con la saturación de las UCIs en plena primera ola como en el estado de salud emocional y mental de la población más vulnerable. A nivel internacional, según una encuesta realizada por Ipsos, el 45% de los adultos entrevistados en 30 países afirman que su salud emocional y mental ha empeorado desde el comienzo de la pandemia. Para España, el porcentaje es levemente superior al 51%, lo que nos sitúa en el cuarto puesto dentro del grupo de países europeos que más se ha visto afectado en este aspecto.

Como recoge la Encuesta Europea de Salud en España 2020, durante la pandemia en torno a un 20% de la población entrevistada indicó padecer problemas para conciliar el sueño, sentimientos de decaímiento o depresión y la sensación de poco interés o alegría para hacer cosas, entre 2 y 3 pp por encima del período pre-pandemia.

En relación con la ocupación de camas de UCI por COVID-19, la información disponible a partir de la segunda ola muestra que no se ha llegado a los niveles de saturación, como ocurrió durante la primera ola. En plena tercera ola (situación a 15 de febrero), este indicador se encontraba en una situación más crítica (35,6%), sobre todo en ciertas comunidades y ciudades autónomas que sobrepasaban muy ampliamente la media nacional, como es el caso de La Rioja (55,2%), Madrid (48,5%), Melilla (47,1%), Comunidad Valenciana (46%), Castilla y León (44,5%), Cataluña (43,6%), Castilla La Mancha (43,4%) y Ceuta (41,2%).

Por último, tanto la actividad de donación y trasplante como la actividad quirúrgica también experimentaron importantes retrocesos como consecuencia de la pandemia. En el año 2020 la tasa de donantes por millón de habitantes se redujo un 23 % y la tasa de trasplantes también sufrió una caída del 19%. Asimismo, en el primer semestre de 2020 se realizaron un total de 716.163 intervenciones quirúrgicas provenientes de listas de espera del Sistema Nacional de Salud (SNS), un 36% menos que en el mismo periodo del año 2019.

REFLEXIONES FINALES

Todo ello pone de manifiesto la necesidad de robustecer el sistema sanitario para que pueda dar una rápida respuesta a las posibles amenazas que se planteen en el futuro. Y ello tanto en términos de tener preparado personal especializado como de instalaciones y dotaciones materiales, que tanto se echaron en falta en los primeros meses de la pandemia.

Documento completo

Jiménez-Martín, Sergi; Viola, Analía (2021). Cuarto Informe Observatorio de Sanidad de FEDEA. Especial Impacto COVID‑19. Noviembre 2021. FEDEA, Estudios sobre la Economía Española n0. 2021-31, Madrid.

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