El buen diseño de las políticas públicas requiere superar la percepción simplista de que constituyen concesiones discrecionales sin condicionantes. Por el contrario, toda política tiene un coste de oportunidad, debe ser coherente con otras intervenciones y responder a un diseño riguroso orientado a la consecución de objetivos definidos.
Desde esta perspectiva, la elaboración de políticas puede entenderse como un ejercicio racional de decisión: establecer fines, reconocer limitaciones, seleccionar instrumentos adecuados y, posteriormente, evaluar su eficacia y eficiencia.
Consultar a expertos, abrir audiencias públicas, realizar evaluaciones antes y después de su ejecución y rendir cuentas de manera clara y continua son prácticas que no solo garantizan un uso más responsable de los recursos, sino que también hacen más visible y justificable la acción del Estado. En definitiva, mejoran la forma en que se gobierna y la manera en que la ciudadanía percibe ese gobierno.
En esta línea, Fedea publica hoy un trabajo de Alfonso Novales (RACMP e ICAE) en el que se propone un esquema para el buen diseño de las intervenciones públicas estructurado en tres fases (análisis, ejecución y control) para las que se ofrecen quince recomendaciones concretas. Al enfatizar la necesidad de coherencia, consistencia y evaluación, el análisis subraya que el éxito de las políticas públicas no depende únicamente de la disponibilidad de recursos, sino también de la capacidad de integrarlos en un marco estratégico que responda a las prioridades colectivas y al interés general.
El examen de tres recientes políticas públicas: la implantación del Ingreso Minimo Vital, la propuesta quita de deuda autonómica, y el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, muestra lo lejos que estamos de una cultura del cumplimiento de las recomendaciones aquí propuestas. Las consecuencias son notables: en particular, un proceso reposado de consulta con expertos y potenciales afectados, podría haber evitado muchas de las limitaciones y deficiencias, con una mayor eficacia en el cumplimiento de objetivos.
Examinamos políticas recientes porque todos las tenemos en mente. Pero deficiencias similares se aprecian en políticas públicas bajo diferentes gobiernos, de distinto signo.
El mal diseño y ejecución de políticas no tiene color político; es consecuencia de la baja calidad de nuestras instituciones informales: códigos de conducta, costumbres, normas sociales y valores, y no seremos una sociedad más eficaz y eficiente en el logro de nuestros objetivos hasta que no mejore apreciablemente nuestra calidad institucional.
En definitiva, instituciones sólidas hacen posibles políticas públicas eficaces; a su vez, políticas bien diseñadas y ejecutadas acrecientan la fortaleza institucional. Avanzar hacia políticas públicas más abiertas, evaluables y participativas no solo mejora la gestión de los recursos públicos: también profundiza la democracia, fortalece la confianza social y contribuye a construir un Estado más justo, transparente y digno de la ciudadanía a la que sirve.
Trabajo completo
Novales, A. (2025). “Cuando gobernar no es improvisar: Claves para entender y diseñar políticas públicas a través de tres casos recientes en España.” FEDEA, Colección Apuntes no. 2025-32. Madrid.
